La nueva vida de La Ratita Presumida

Hasta donde yo sabía hace bien poco, y creo que vosotros también, la Ratita Presumida se casó con el gato blanco de dulce voz. Lo que no sabíamos ninguno, y si alguien lo sabía que lo diga, es que el gato —como era de esperar— dio mala vida a la ratita. Tanto fue así que, al parecer, la ratita llamó a los tres pretendientes que tuvo en el pasado para que le ayudaran a deshacerse del gato. Primero, llegó el cerdo que le gruñó, pero el gato se tapó los oídos y se hizo el remolón. Luego, llegó el gallo que le pico, pero el gato se lamió la pata y se puso una tirita. Y más tarde, llegó el perro que cumplió con su obligación y persiguió al gato hasta echarlo del vecindario. La Ratita Presumida, entonces, le dio las gracias a los tres, fue a comprarse un gran lazo de color rojo, se lo plantó en la cabeza y decidió vivir sola toda la vida.