Una historia real I

No conocí a mi abuelo materno. Eran cinco hermanos y cuatro de ellos murieron a causa de la guerra; no de una guerra lejana, ajena, sino de la nuestra, de la Guerra Civil Española, aquella que provocaron los que se sublevaron militarmente contra la República y su legítimo gobierno. Pero no murieron en el frente,  sino fusilados después de juicios sumarísimos que, en algunos casos, duraron solo un día.
Siempre me atrajo conocer la verdad sobre ellos, pero no era fácil; hasta en las familias de los perdedores los vencedores lograron  inocular el sentimiento de culpa. Había que pagar con el silencio y la cabeza agachada "los pecados" de los maridos, padres o hermanos que lucharon y murieron por defender la democracia y por defenderse a sí mismos de los sublevados, cuya consigna oficial fue aniquilar físicamente a todo aquel que no estuviera con ellos. Mientras, los vencedores se colgaban medallas y hacían homenajes a sus muertos.
Un dependiente de comercio de la UGT fusilado en el 40, un Guardia de Asalto fusilado en el 38, un Guardia Civil leal a la Republica fusilado en el 37, apenas dos días después de entrar los impropiamente llamados nacionales en Málaga, y un miliciano de Málaga juzgado, fusilado y enterrado en Granada no sabemos cuándo ni dónde. Cuatro. En tres años, cuatro hijos muertos para una madre.
Acusados, juzgados y condenados a "muerte" por Rebelión Militar -en algún caso así, entrecomillada la palabra muerte en la sentencia, como si se quisiera con ellos reforzar la pena, como si no bastara con poner muerte a secas, como si la muerte entrecomillada fuera más muerte- por los que sí se habían rebelado. Tres de ellos, los tres primeros, están el sumario del Juez Garzón.
Un día, hace de esto ya unos meses, tecleé en Google el nombre del único hermano de aquellos cinco que sobrevivió a la guerra y me apareció su nombre en un blog de un malagueño aficionado a los toros, en el que se podía leer el mensaje de un señor peruano que decía ser sobrino de mi tío- abuelo, con el que comentaba haber asistido a una corrida de toros en Málaga allá por el año 1959 cuando vino a estudiar la carrera de medicina a España. Inmediatamente  tecleé  su nombre  y me salieron cuatro entradas. El señor de Perú resultó ser nieto de un hermano de mi bisabuela, la madre de los cuatro hermanos fusilados, que emigró a Perú sobre 1900. En mi familia no teníamos conocimiento de que mi bisabuela hubiera tenido un hermano. Naturalmente, hice todo lo posible por ponerme en contacto con su nieto peruano y lo conseguí a través de Facebook. Cuando me aceptó como amiga, vi que en su lista de amigos había muchas personas con sus mismos apellidos: la descendencia del hermano de mi bisabuela en Perú fue numerosa y hoy día los nietos y biznietos son legión. Con algunos de ellos he intercambiado correos, información y fotografías.
A raíz de todo esto, se me despertó la curiosidad por saber de mis ascendientes más allá de los cuatro hermanos fusilados, más allá de la generación de mis abuelos y de mis abuelas.
La familia de Perú me facilitó los nombres y el origen de los padres de su abuelo, padres también de mi bisabuela y por lo tanto tatarabuelos míos. Pero yo quería saber más, seguir buscando, también de otras ramas de la familia, y  fueron ellos los que me dieron el nombre de un investigador de la Asociación de Investigadores de Archivos de  Málaga que les había ayudado en la búsqueda de la partida de nacimiento de su abuelo. Esta persona me ha enseñado en los últimos meses a buscar en los registros digitalizados que existen en Internet: partidas de nacimiento, actas de matrimonio y defunciones, censos, padrones de habitantes etc... y con su ayuda y asesoramiento -todo a través del correo electrónico y de Facebook-  he encontrado documentos que registran acontecimientos importantes en la vida de mis ascendientes o que simplemente acreditan su existencia y su pertenencia a mi genealogía.
Recientemente, además, se ha producido un hecho que calificaría de extraordinario y que ilustra todo lo positivo que puede aportar la comunicación a través de Internet. El investigador de la Asociación de Investigadores de Archivos de Málaga que me ha estado ayudando a encontrar registros de antepasados me puso en contacto, hace poco, con alguien que se dedica a investigar los archivos y registros de Macharaviaya, pues los ascendientes de mi padre están registrados en este pequeño pueblo de la Axarquía Malagueña. Y he aquí que, para mi sorpresa, este chico, porque es joven,  que investiga los archivos de Macharaviaya, ha resultado ser un tataranieto de un hermano de mi bisabuelo paterno, que nació y vive en Francia, con el que por supuesto estoy intercambiando información a través del correo electrónico.
Una historia redonda, de ida y vuelta. Una cadena de azares increíbles, pero ciertos. Cosas de Internet. Para que tomen nota los que critican injustamente este medio.

Con este relato real quiero dejar constancia de mi agradecimiento a los que me han ayudado a reconstruir la historia de mi familia y mi genealogía. Y , por supuesto, agradecer a mi abuelo y a mis tíos abuelos la herencia recibida.

1 comentario:

joan21 dijo...

me gusto tu historia de verdad que sii. Me identifico totalmente con esta, ya que a mi me paso algo similar.

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