Los pinchos me pinchan como agujas en el dedo sin dedal.
El agua que no cae por el chorro me seca
Arrasado mi paisaje solo me queda hacer acopio de mis tesoros y ponerlos a salvo.
Cada hoja que piso al pasar
cada paso que doy al caminar
es tiempo que vuelvo a desandar.
Las risas perpetuas bajo el chorro del agua
La rana verde en la alberca
El caballito de caña
La rueda que rueda
El columpio del almendro
La hoja de limón
El olor de la mandarina
El primer corazón en el tronco del Paraíso
La trampa cruel del pajarillo
El cigarrón en el calcetín
La chispa del pedernal desprendido
de tu mole pétrea.
Hacia ti camino
para hacerte ofrenda de mi tesoro.
y mira que las piedras duran
más que los hombres,
que ya el mundo se hizo así
y no tiene arreglo.
La máquina te rompió
y tu herida te cambió la fisonomía.
Pero conservas el aura de mito antiguo.
Mi tatarabuelo creyó la historia
que contaban por estas tierras.
Mi abuela me la contó a mí.
Yo se la conté a mi hijo
y a quien quisiera oírla.
Y escrita está.
Guarda también mi tesoro,
que el fantasma lo vigilará.
Lo tengo hablado con él
que anoche me lo encontré
en el camino de vuelta a casa.
cuánta verdad me dicen.
Pero el amor no se busca.
Te atraviesa.
Y yo
ya estoy atravesada
por el calambre
del rayo que me parte en dos: