No
sé
tú.
Yo,
tan
bien.
Si
tú
no,
yo
tan
poco.
—¿Y qué haremos luego? —le preguntó ella.
—Escribir un cuento sobre el juego.
—¿Y luego?
—Imaginar la siguiente jugada.
—¿Y luego?
—Tener bellos sueños.
—¿Y antes?
Cierra los ojos
Abre las manos...
Se escurre
suavemente
de las mías a las tuyas
una diminuta y ligera luna
Una luna nueva
preludio y
talismán
de muchas lunas
llenas de amistad.
Abre los ojos
Abre las manos...
Y mira.
El pañuelo tapaba mis ojos
de gallinita ciega.
Pero el tacto de mis manos
te reconoció a la primera.
Amor a ciegas, eras tú.