sé
tú.
Yo,
tan
bien.
Si
tú
no,
yo
tan
Ojos que ven corazón que siente
¿Veré mi pesadilla subir por los cañaverales, y anegar los barrancos o me librará la muerte de ver semejante "triunfo" ?
Ganarán la partida las escafandras grises esparciendo sus gases grises?
¿Llegarán de nuevo aquellos bomberos a quemar los libros?
¿El hombre será leyenda para los lobos?
¿La mujer una costilla perdida en un agujero negro?
¿Quedarán solo las hormigas para contarlo?
No es este el futuro por el que luchamos.
Estoy triste por los que se quedan.
Y hoy no quiero corregir nada en la IA. Esa máquina que recopila todo lo que pensamos, formará parte de esta pesadilla.
Y tus palabras se expanden
como las ondas en el agua
al caer la semilla.
Cada hoja que piso al pasar
cada paso que doy al caminar
es tiempo que vuelvo a desandar.
Las risas perpetuas bajo el chorro del agua
La rana verde en la alberca
El caballito de caña
La rueda que rueda
El columpio del almendro
La hoja de limón
El olor de la mandarina
El primer corazón en el tronco del Paraíso
La trampa cruel del pajarillo
El cigarrón en el calcetín
La chispa del pedernal desprendido
de tu mole pétrea.
para hacerte ofrenda de mi tesoro.
y mira que las piedras duran
más que los hombres,
que ya el mundo se hizo así
y no tiene arreglo.
La máquina te rompió
y tu herida te cambió la fisonomía.
Pero conservas el aura de mito antiguo.
Mi tatarabuelo creyó la historia
que contaban por estas tierras.
Mi abuela me la contó a mí.
Yo se la conté a mi hijo
y a quien quisiera oírla.
Y escrita está.
Guarda también mi tesoro,
que el fantasma lo vigilará.
Lo tengo hablado con él
que anoche me lo encontré
cuánta verdad me dicen.
Pero el amor no se busca.
Te atraviesa.
Y yo ya estoy atravesada
por el calambre
del rayo que me parte en dos:
Letra: Ulla Ramírez, 1997-98
Enlace a la canción: Déjame el sueño V4.5
(Última versión: Julio 2026. )
Enlace a la canción: Déjame el sueño V4.5
Estilo: Jazz- bolero. Voz femenina.
16.1.26
Con sus manos envejecidas, manchadas de vida, de dedos largos y finos, daba vueltas a la manivela. Y la malta molida caía en el cajoncito del molinillo, donde reposaba unos minutos antes de convertirse en infusión. Para ella.
A continuación, mi abuela se giraba para verter el cacao en polvo en un vaso de leche condensada diluida en agua. Para mí.
El olor del cacao anulaba todos los demás olores de la cocina. El momento estaba amenizado por la radio. Era justo la hora del anuncio del Cola Cao.
Un día, después del desayuno, pregunté a mi abuela dónde vivía el negrito del África tropical. Mi abuela me llevó al porche y me dijo:
—¿Ves el mar? Pues después de cruzar el mar, pero más lejos.
—¿Y podemos ir a verle, abuela? —insistí.
—Está muy lejos, hija. Es mejor que él venga. Seguro que vendrá, ya verás.