26.10.26

El hijo de la mañana


De nuestra juventud enamorada

quedó de tu cuerpo en el mío 

como un ancla

hecho verbo de carne y amor

el hijo de la mañana.

Ese niño que se hizo gigante

que  te levantó

con sus brazos

para ver la luz del alba

permanece claro.

Es la suma de nuestros días,

la juventud, la libertad, el amor,

una inmensidad 

en poco tiempo condensada,

y el futuro común multiplicado 

de aquel pasado conjunto

que nos contiene. 


🌹




25.10.26

Juego libre

Me gustaba jugar a la Oca para tirar otra vez porque rimaba. Ahora prefiero el verso libre.

20.10.26

Vigilia

Dormía. O no. No sé. Noté que una mano me tocaba el hombro.

—Despierta. No te duermas. 

Abrí los ojos y no había nadie.

Me levanté. Encendí las luces, cogí el móvil y recorrí la casa. Miré por las ventanas. Todo estaba en orden y, sin embargo, no pude volver a la cama. Lo que me despertó no estaba fuera, estaba dentro. Podía estar cerca. Debajo de mi cama, en la despensa o detrás de una puerta. Yo, tan racional, busqué en cada rincón de mi casa el cuerpo de aquella voz. No encontré nada.

Volví a la habitación, me acosté y me arrugué como un ovillo. Escuché los ruidos de la noche, atenta a cualquier señal.

Cuando el sueño empezó a vencerme, quizás ya dormida, sentí de nuevo la mano en el brazo.  Esta vez más enérgica. Y otra vez la misma voz:

—No te duermas. No puedes dormirte. Vamos, despierta.

Quise levantarme, pero no moví las piernas. Sentía los latidos disparados, la mandíbula apretada, el sudor frío pegado a la espalda. El olor a naranjas agrias. 

A tientas busqué el móvil y no estaba. Hablé sin ser muy consciente:

—¿Quién eres? ¿Qué pasa? ¡Dime!

—Soy tú —me dijo.

Me toqué los brazos, el pecho, la cara, las rodillas. Busqué otra vez el móvil y nada. Al fin di con el interruptor y la luz me alivió el ahogo que sentía.

Me levanté y respiré tan hondo como pude. Al rato, cogí un libro. Leí algunas líneas, pero las palabras se evaporaban. Pensaba en la voz, en la mano, en aquella respuesta.

Era muy tarde, pero no mucho más que otros días. Siempre retrasaba la hora de acostarme. Dormir es perder el tiempo. Aunque también estaba lo otro: dormida no me daría cuenta de nada. No podría avisar a nadie si me encontraba mal. 

Seguí leyendo. O lo intenté. En algún momento, dejé de entender lo que leía. Di una cabezada creo. No sé cuánto tiempo pasó.

Avisar, avisar… ¿Dije avisar?

Miré la cama. Tenía que avisarle. 

¿O no debí?


17.10.26

Cambio de tiempo


Cae una lluvia fina y la tortuga recoge su corazón tendido.

14.10.26

Lo que importa

No es el hueco que abras en tu corazón, sino la vida que pongas en él.

12.10.26

Idiomas

Por la boca habla el pez y la gata baja del tejado y dice miau.

Inalcanzable. Canción. Nueva

Se podría llamar anhelar la perfección y toparse de bruces con la realidad una y otra vez. Pero es bonita. La canción, digo.


11.10.26

Como niños


Me cogió de la mano tan solo un segundo antes de que la cámara nos captara. No lo solté y el perdón salió en la fotografía.

9.10.26

Octubre

Octubre pasa con pesar. Pesa también el calor, pero ya no es este verano. Ni volverá. 

5.10.26

La nota


Solo tenía en mente un cuaderno con cinco notas: do, re, mi, fa, sol. A veces, ella misma se sentía nota. Y nadie la leía, ni nadie la tocaba. 

4.10.26

Importancia


Nada ajeno es importante para el que ya lleva la importancia puesta. 

3.10.26

Sin palabras


Escribió una canción, pero borró la letra porque su música era altamente sensible.

2.10.26

El tiempo de Livia


Livia nació el 4 de octubre de 1582 en Roma. Durmió plácidamente aquella noche y despertó, en los brazos de su madre, al día siguiente, 15 de octubre.
No fue magia. Los días pasaron, pero esos diez quedaron fuera del calendario.
El 24 de febrero de aquel mismo año, no muy lejos de donde nacería Livia, el papa Gregorio XIII había promulgado la bula Inter gravissimas y ponía el calendario en hora con el sol.
Tampoco octubre era ya lo que había sido. Desde los tiempos lejanos de Numa Pompilio —a quien la tradición atribuye haber puesto enero y febrero delante de marzo—, octubre había pasado de ser el octavo mes a ocupar el décimo lugar. Pero no cambió de nombre.
Así que Livia nació un día de un calendario que ya no existía cuando despertó. Y nació en un mes que llevaba siglos llamándose ocho cuando ya era diez.
Las estrellas que lucían aquella noche tampoco estaban donde parecían estar. Su luz se había apagado mucho antes de que Livia llegara al mundo.
Livia creció. Y cuenta la historia que cuando alguien le decía que tenía todo el tiempo del mundo, ella solía responder:
—El tiempo del mundo no es el mío.


1.10.26

Baile

 Cuando yo me alejo tú te acercas y cuando estoy cerca tú te distancias. 

La la la

Do re mi
Mi sol si
Mi sol la mi


Mi re do

Si mi sol

Mi la sol mi


La la la

28.9.26

Ilocalizada


¿Os acordáis de cuando no existían los móviles y una podía perderse? Pues hoy me he perdido: no estaba aquí, ni allí, ni tampoco en el camino.  Nadie sabía de mi. Y yo, viendo llover, oliendo la lluvia. Sin móvil.

27.9.26

Conjuros monos hilábicos


Sal
de
mi
mar

Sal
de
mi
piel

Fin
de
mi
ser

¡Pun!
To
Y
A- par - te.

26.9.26

Greguería


Te acostumbras a estar sola como la Luna, que solo hay una.

Guerra perdida


Nosotros estamos vivos, pero los otros son más y nos están esperando. 

25.9.26

Calendario

Cuando despertó, el calendario ya no estaba allí. Los días se habían acabado.

23.9.26

Otoño

Tengo los ojos nublados. 

22.9.26

Mensaje

Solo quiero conservar lo que siempre me dió la vida: el corazón.

Abras.o.s

Adelantarse

Hay preguntas que ya no se hacen. Se adivina la respuesta y carretera y manta.

21.9.26

Realidad y ficción


Tendí la ropa. El baño de plástico quedó vacio. Era azul.
Introduje una cámara de fotos pequeñita que me habían regalado. Y disparé. 
No tenía ni idea de técnica fotográfica y me dió por jugar con ella. Hacía fotos a cosas pequeñas: una canica, una pompa de jabón, caracoles y conchas marinas, la flor extraña, o la pirámide diminuta de cristal, en el agua de un jarrón, lámparas encendidas... Desde cerca, desde abajo, al vértice, al límite, a la curva, a lo paralelo...

Lo que vi en la fotografía del baño de plástico me gustó. Azul y negro. El negro no existía antes. 

El baño de plástico era la realidad. Pero lo que yo ví en la fotografía  era otra cosa: un Planeta suspendido en el espacio. En un espacio negro. 

De eso se trataba. De inventar una nueva realidad.  Era 2008.

Más tarde, empecé a escribir en el Blog de forma esporádica. Y sin darme cuenta, hice lo mismo: escribir sobre la realidad poniendo el foco en otro sitio.

Y no me olvidé de mi planeta. Le añadí un punto de luz: un sol que empezaba a despuntar. Un sol naciente. 

Mi planeta me inspiró nuevas ficciones. Ficciones en busca de otra realidad. Algunas buenas y otras malas. Y una muy buena: me enamoré del punto de luz. 

Ahora tengo una ficción perfecta: muy alejada de la realidad. En otro universo.

Y el Universo es complejo.

Es 2026.


       Planeta azul con punto de luz no visible



19.9.26

Vida mía. Canción. Nueva


Enlace a la canción: Vida mía. 

Nuevo estilo.14.9.2026.

Letra: Ulla Ramírez. Publicada ya en este Blog. Escrita  2003.


14.9.26

Ensayo

La vida es el foro del que todos haremos mutis. Mientras tanto, ensayamos.

13.9.26

Inicio


Un poeta siempre se mira en la Luna.

Y luego le escribe.

12.9.26

Otra ficción


Estar en continuo  tránsito 

entre el mundo real y el que no existe 

te da otra perspectiva del Final.


9.9.26

En conserva


Con Septiembre yo haría mermelada antes de que se pase. 

8.9.26

Monos hilábicos


No

sé

tú.

Yo,

tan

bien. 


Si

tú

no,

yo

tan

poco.