cortada de tu jardín
la misma que un día
verde
se aferró a tu muro.
Para quedarme para siempre
seca
entre las páginas del libro
donde tu tiempo se escribe.
.
Ojos que ven corazón que siente
cortada de tu jardín
la misma que un día
verde
se aferró a tu muro.
Para quedarme para siempre
seca
entre las páginas del libro
donde tu tiempo se escribe.
.
se dibuja en sus contornos.
el mar la habría dibujado,
dejando en su centro
un espacio de
Y si no existiera la palabra soledad
Un cuerpo sin abrazos
porque estás muy lejos
y me ves más pequeña.
Pero yo estoy en mi Apogeo.
La distancia no empequeñece
solo te deja sin medida.
Y aun así,
se resume en dos palabras
Luego el libro se abre
Mientras haya palabras entre tú y yo
Insomnio sin vendaval ni tormentas ni truenos ni diluvio ni fantasmas ni espíritus ni dolor de muelas. No puedo más. Me voy a tomar un yogurt antes de volver a pensar. En tantas horas me da tiempo de pasar por todos los estados de emoción posibles. Voy de lo mejor a lo peor, ida y vuelta. Transito por recuerdos, imágenes, palabras, muchas palabras. Ya me faltan. No escritas. Dichas, contadas. A viva voz. Un abrazo. Cuéntame tu reverso en esta noche de insomnio que no puedo conciliar el sueño y en vela resisto con los ojos abiertos por si llegas vestido de sueño. Cántame una nana, a ver si me duermo.
(Escritura automática de madrugada).
La mujer se sentó junto a la mesa para coser el botón a la camisa de Martín. Abrió el costurero y vio que no tenía aguja. Se levantó y fue al pajar. Alli encontró al camello desesperado queriendo entrar por el ojo de la aguja que ella necesitaba. Hablaron. La mujer le ofreció toda la paja a cambio de la aguja. El camello se fue al mercado del pueblo más cercano, a diez kilómetros, vendió allí toda la paja y se le perdió la pista. A los tres días volvió.
— ¡Soy rico! – exclamó el animal –¡Soy rico! Vengo a que me des el botón, la aguja, la camisa y todo lo que tengas.
— No te servirá para entrar en el cielo –le dijo la mujer.
— El cielo ya no me importa.
16.3.2025
Llorar sola es llorar para ti. Las lágrimas no piden socorro ni consuelo. Son más limpias porque no se reprimen. Y caen para dentro o para afuera según les venga en gana. El pañuelo las recoge, pero no las frena y duran lo que tienen que durar. Si no te ve nadie, nada tienes que explicar y el llanto es más libre. Al final, no te tienes que mirar en el espejo porque nadie te va a preguntar por qué has llorado. Cuando todo termina te queda la resaca y te viene a la cabeza aquella canción en la voz de Rafael con la que se burlaban de ti cuando eras pequeña.
Publicada el 19 de enero de 2024.
La luna llena de miradas
de los cuatro puntos cardinales
de la Tierra enamorada.
Mito poético
Espejo de plata
Ojo del cielo
Archivo del tiempo
No te dejes conquistar
Tú, no.
retroceder en el tiempo
y volver a ser niños.
Y morir, volver
al estado de no nacidos
para nacer otra vez
y empezar por el principio
sabiendo lo vivido.