4.3.26

En algún lugar mágico

Llevo la última sonrisa de mi padre en mi retina. «Ven a verme», me dijo. «Claro que vendré», le contesté desde la puerta, y al día siguiente ya no estaba. Él y yo sabemos que algún día cumpliré mi promesa.

Escribía poemas mi padre. Recreaba historias que había vivido y soñaba vidas que no pudo tener. Era un gran conversador. Los últimos dos años de su vida me convertí en la escribiente de sus recuerdos —perdió la vista y, al final, la memoria de las cosas por culpa de un problema vascular— y recorrimos juntos el camino de vuelta a una infancia sin retorno, reviviendo sus juegos de chiquillo en un parque con palomas. Se fue sonriendo como un niño.

Sí, un niño demandante de atención, cuidados, escucha y mimos. Un ser vulnerable, sensible, a veces irascible, sobre todo al principio, pero tierno.

Qué gran paradoja: mi padre ya no era el padre que yo había tenido toda la vida:  ya no reñía, no mandaba, no tenía aquel torrente de voz, ya no me controlaba, ya no me había enviado a un colegio interna, ya no le guardaba yo ningun reproche, ya él no me había hecho a mí ninguno. Nada de aquello tenía ya importancia. Ya no podía leer, ni escribir, ni ir a las tertulias, ni hacer nada. Y  me necesitaba. Él, que siempre había tenido más energía, más optimismo, más vitalidad que yo, ahora me inspiraba una gran compasión.  ¿Donde iría a parar toda aquella energía y ganas de vivir que siempre tuvo? Ojalá me dejara su fuerza y su entusiasmo, me decía yo.  

Tras los primeros meses de desconcierto, en los que ni él mismo entendía lo que le estaba pasando, mi padre se olvidó de sus eternas obsesiones y volvía a sonreír. 

¿Por qué sonreiría mi padre hasta cuando estaba solo? ¿Qué tenía en la cabeza?

Serían las dos o las tres de la madrugada, no lo sé; las luces fuertes estaban ya apagadas. Alguna débil se mantenía encendida para no andar a oscuras en caso de necesidad. Afuera, todo estaba en silencio. Hasta que mi padre empezó a llamar a Pepe. A voz en grito. 

—Pepe, Pepe. Pepe. Vámonos al barco. Vámonos a jugar al barco, Pepe.

Me levanté del sillón como un resorte y me acerqué a la cama.

—Papá, papá, escúchame, mírame, papá, no grites. Es de noche y hay que dormir. Hay más personas en la habitación. No estamos en casa, papá. Esto es un hospital, es de noche. Tienes que estar en silencio, ¿me entiendes?

—Pepe, Pepe, Pepe, vámos a jugar al barco. Pepe, Pepe, Pepe —repetía mi padre, con el mismo tono de urgencia e insistencia que la sirena de una ambulancia.

—Papá, calla ya, no grites. Deja a Pepe en paz, que está muy tranquilo en su casa. Pepe está dormido, lo vas a despertar.

—Vámonos al barco, Pepe. Vámonos a jugar al barco.

—¿Qué barco, papá? Tu hijo Pepe no tiene ningún barco.

—Pepe, vámonos ya al barco de Gabriel. Remeditos, Remeditos, ¿dónde está Remeditos?

En ese momento me di cuenta de que mi padre no estaba llamando a mi hermano, sino a un primo suyo, en cuya casa vivió unos años después de quedarse huérfano de padre y madre. Pepe y Remeditos, eran hermanos,  casi de la misma edad que mi padre que tenía por entonces unos doce o trece años. Y mi padre los llamaba para ir a jugar. No era un recuerdo. Lo estaba viviendo.

A partir de aquel día, mi padre me retransmitió en directo su niñez, de viva voz. No salía de mi asombro: su infancia estaba localizada en algún lugar mágico de su cerebro dañado. Intacta.

Volvió a los años de escasez y a la tristeza por la falta de sus padres y de su hermano mayor que desapareció en el frente, pero tambien vivió momentos de alegría, de cariño. Compartió mesa y trabajo con una familia de siete: café de cebada, gachas con picatostes, pan de habas, sopa de Maimones, amarrar tomates, buscar leña y cuidar cabras.

Cerca vivía Elena, otra hermana de mi abuela, y su marido, Gabriel, hombre de mar. 

Mucho después de la muerte de mi padre, hace unos años, en un mapa antiguo de la zona, vi que cerca de la casa donde vivían Antonio y Modesta había una finca que se llamaba El Barco. Así que no era un barco donde iban a jugar. 

Un verano fui a conocer sobre el terreno esas casas. Mi padre iba conmigo. Él y sus ganas de saber. Él y su curiosidad. 


Nota: Antonio y Modesta vivieron en la Casa Colorada. Valle Niza. Almayate. Málaga. Gabriel y Elena, en la Loma de los Burgos. BenajarafeGabriel, posiblemente tuvieran alguna suerte de tierra en El Barco. 

* Maimones

2.3.26

fugaz

El presente siempre pasa. 

Deseo

 Varita de virtud, entra en los cuerpos de los dioses de la guerra y destruye su poder. 

1.3.26

Greguería de Marzo

 Mensis Martius: los fuertes lo esperan para la guerra, yo para la flor.

27.2.26

Niebla

No me alcanzará ya la fantasía. Tu imagen se me irá diluyendo en mi propia niebla.

Sentimiento

 Sueño,

sueño que se sueña

y se queda en sueño.

Metáfora,

que te lleva dentro

donde nadie entra.

Poema,

que hace el amor y no la guerra

y me desarma.

Cuento,

Cuento lo que no tengo,

lo tengo mientras lo cuento.

Invento,

Invento lo que no existe,

y existes mientras lo intento.

Imposible,

Imposible es vivirlo,

imaginado es más cierto. Lo

Inalcanzable,

Inalcanzable al tacto,

y yo lo siento.

Inconveniente,

Inconveniente según el manual.

Platónico,

tan plano y tan tópico,

tan lejos de la piel.

Utópico,

Es tan práctico decirlo

y tan fácil definirlo.

Sentimiento,

lo siento mientras lo pienso,

lo pienso mientras lo escribo.



25.2.26

Abandonos

El dia que se marchó

no le pidió disculpas 

por dejarla a oscuras 

sin luz para alumbrarse 

sin sangre para vivir 

sin corazón para sentir. 

Le dejó

la cama sin hacer

la nevera vacía

el coche sin gasolina

los platos sin fregar 

la basura sin tirar

la ropa sin recoger

la pierna herida

el alma dolida

y ni agua en la mesilla.


Pero antes de morir

él volvió.

llamó a la puerta 

y suplicó que lo enterraran

con su mujer. 


Ella resucitó antes del tercer día 

y desde fuera le gritó

disculpa si te dejo solo

y en penumbra.

Necesito toda la luz para 

alumbrarme

Todo mi plasma para vivir. 

Y todo mi corazón

para olvidarte.


22.2.26

La verdad. Canción

El reloj marca la hora de costumbre, 
en la mesa se miran de paso. 
Las palabras gastadas suenan huecas
y todos los días parecen lunes.

Se repiten los besos aprendidos, 
las preguntas sin ganas de hablar.
Se sonríe por no romper el día,
se finge normalidad.

Duermen al lado de un cuerpo
que ya no sabe abrazar
en el espacio que queda
el vacío no se va.

Siempre se va pronto, 
siempre llega tarde, 
el tiempo es buena excusa
para no quedarse. 

Y no es un día, 
ni una estación 
es no sentir la vida 
es sentir el desamor. 

No les cubre el mismo cielo,
no les salva la misma fe. 
ni sienten el mismo miedo. 
ni la misma forma de caer. 

Se apaga la luz del día
No queda nada que fingir. 
La verdad se sienta en la cocina
y sabe decidir.

Letra: Ulla Ramírez . 
Voz y música: Suno. V4.5





21.2.26

Doble vida


Toda la vida
has tenido una doble vida.

Una caminaba contigo

por calles de luz

otra se desplegaba

detrás de tus párpados

como un mapa secreto.


Si un juego quedaba inconcluso

la noche lo terminaba

sobre un tablero de sombras

entre risas que nadie escuchaba.


Si el invierno te encerraba

con cerrojos fríos

el sueño abría un océano

donde las olas pronunciaban tu nombre.


Si leías amores que no eran tuyos,

al dormir alguien tomaba tus manos

como si los libros hubieran aprendido

a quererte.


No dormías la vida

la tejías en dos hilos paralelos.


No sé de qué te quejas,

vida mía.






Nostalgia

Siento nostalgia del sentir.
Cercano silencio que duele y acaricia.
Viento que ronda las esquinas de mi espacio.
Lluvia que llora a escondidas en los márgenes del río humedo de mi cuerpo.
Tienes nombre, 
pero no te puedo nombrar sin quebrarme. 

20.2.26

El dilema

 —El sol despunta por el horizonte. El mar sube. Nos quedan dos días. Tenemos que elegir.

— Comamos. Necesitamos energía por si se presenta la ocasión de usarla. Estás delgaducha.

—No quiero comer. Elijo hablar. Hablaré antes de que el mar nos alcance. Es lo que me queda. Contar quién soy.

—¿Para quién?

— Para Ellos,  para los que nos obligan a elegir.

—Come y no hables. 

—No.


18.2.26

Alimentos

No solo de pan vive el cuerpo. A veces, la conversación alimenta más que un plato.

17.2.26

Hacerse la muerta

La rana no estaba muerta. Se hacía la ahogada para evitar la mirada del príncipe convertido en sapo. 


15.2.26

Sótano

Me mudé al sótano, tengo revestimiento hidrófugo e ignífugo. El agua ni cala ni traspasa, el fuego no se inflama, la llama no se propaga. Huele a tierra y el futuro toca mis pies. 


.

13.2.26

Añoranza

Añoro la tinta de tu pensamiento, le dijo la hoja en blanco a la pluma.


9-8-24

11.2.26

Seis preguntas en busca de respuesta

 ¿Es la cruda realidad más cruda cuando se sirve sin cocinar?

¿Tiene receta la cruda realidad o cada cual la sazona a su gusto?

¿Se digiere mejor la cruda realidad lentamente o a mordiscos?

¿Quién decidió que la cruda realidad no podía llevar un poco de condimento?

¿Por qué la cruda realidad nunca llega guisada a la mesa?

¿Se puede ablandar la cruda realidad sin encender el fuego?

Respuesta: 

10.2.26

Maremotos

Cuando era niña y hasta bien entrada la treintena tenía sueños recurrentes. En  uno de ellos el mar subía de nivel y las olas gigantes cubrían el pueblo.  La primera vez que lo soñé no tenía referencias; ni la tele ni el cine habían llegado aun a mi vida. Eso sí, mi abuela y sus primas, con las que estaba muy a menudo, contaban historias de un maremoto que había sucedido en el lugar, hacía muchos años, sin ahorrarse los detalles que ellas habían oido contar a sus abuelos.

Hace algunos años, cuando el famoso Tsunami, recordé esas pesadillas.  

Ahora, cuando veo en las redes o en los informativos las imágenes del mar arrasando los paseos marítimos, inundando la costa, también me acuerdo. Cada día veo más cosas que se parecen a mis pesadillas. Pero ahora no me despierto.

De fantasma a fantasma

Lo importante era la esencia, pero fue mi sábana la que no te gustó. 

8.2.26

Greguería de Febrero

Febrero se guarda un día en la manga para jugarlo cada cuatro años.

7.2.26

Vivir y morir

Mejor morir de amor que de guerra.

Pero mucho mejor es vivir de amor.

4.2.26

Apagón

La chispa fundió la noche y el día buscó culpables donde solo hubo fantasía.


3.2.26

Invierno

El invierno congela los relojes y las horas resbalan. El tiempo tirita.


31.1.26

Puntuación

La coma existe para hacer una pausa, el punto y coma para explicarse y explicar y los dos puntos para enumerar. El punto y seguido es un ya hablamos, el punto y aparte, el ya te contaré. Y el punto y final, la ausencia.









Sabio

Alguien te promete que serás sabio. Pagas a mil euros la dosis de su sabiduría. La máquina de hacer sabios está en marcha y tus maestros hacen caja. Hoy eres más sabio que ayer. Tu cartera lo siente, pero tu cabeza lo sabe.

30.1.26

Normas

Ella tenía por norma no interactuar, pero hizo una excepción. Él se dolió cuando dejó de ser la excepción a la regla. 

27.1.26

Como un trapo


Tendido al sol

como un trapo al viento

abandonado

colgado de un alambre

pendía

cogido a él con pinzas de la ropa

tendida

tras ser lavado y centrifugado

mi corazón

con tres heridas

no se dio por derrotado

y me parece mentira. 


21.1.26

Locura

Se asomó al pozo y le pareció que no tenía fondo, tiró la piedra y no sonó; gritó eco, eco, eco y el pozo no se lo devolvió. Le pudo la curiosidad más que la vida. 

20.1.26

Respuesta

No le des más vueltas: 

Es la realidad la que se sienta a tu mesa y te come cruda. 

17.1.26

Elección

Vivo en mi mundo porque ya viví en el otro.

16.1.26

Pregunta

¿Se nos morirán algunas palabras de tanto usarlas?