Manta: la capa de los pobres, el abrigo de los desafectos.
Un latido extra
Ojos que ven corazón que siente
4.11.26
3.11.26
31.10.26
Mariposas de Noviembre
Cada noviembre, nuestras abuelas prendían mariposas, no para alumbrar la casa, sino para dar luz a las ausencias. Cada hogar encendía las suyas por los familiares fallecidos y, a menudo, también por las ánimas olvidadas, aquellas que no tenían quién les rezara.
En el cuenco flotaba una cañita con una mecha. Al prenderla, alguien murmuraba un nombre y una intención. No era solo un recuerdo, sino también una forma de ayudar: una oración hecha de luz, un gesto de ternura para que las almas de los ausentes se sintieran acompañadas.
Los niños no nos disfrazábamos de fantasmas, muertos ni esqueletos bailones. Asistíamos al ritual, fascinados por aquella llamita que flotaba sobre un trozo de caña con un pequeño agujero para sostener el pabilo. No nos daba miedo. Nuestras abuelas no celebraban el miedo: lo iluminaban. Sabíamos que aquellas luces eran para quienes ya no estaban, una manera de seguir queriéndolos.
De ellas aprendimos que la mariposa era la forma que tenía el recuerdo de no apagarse.
En cada una sobrevivía una verdad antigua: que el amor, cuando se recuerda, no se apaga nunca.
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26.10.26
El hijo de la mañana
quedó de tu cuerpo en el mío
como un ancla
hecho verbo de carne y amor
el hijo de la mañana.
Ese niño que se hizo gigante
que te levantó
con sus brazos
para ver la luz del alba
permanece claro.
Es la suma de nuestros días,
la juventud, la libertad, el amor,
una inmensidad
en poco tiempo condensada,
y el futuro común multiplicado
de aquel pasado conjunto
que nos contiene.
🌹
25.10.26
Juego libre
Me gustaba jugar a la Oca para tirar otra vez porque rimaba. Ahora prefiero el verso libre.
20.10.26
Vigilia
Dormía. O no. No sé. Noté que una mano me tocaba el hombro.
—Despierta. No te duermas.
Abrí los ojos y no había nadie.
Me levanté. Encendí las luces, cogí el móvil y recorrí la casa. Miré por las ventanas. Todo estaba en orden y, sin embargo, no pude volver a la cama. Lo que me despertó no estaba fuera, estaba dentro. Podía estar cerca. Debajo de mi cama, en la despensa o detrás de una puerta. Yo, tan racional, busqué en cada rincón de mi casa el cuerpo de aquella voz. No encontré nada.
Volví a la habitación, me acosté y me arrugué como un ovillo. Escuché los ruidos de la noche, atenta a cualquier señal.
Cuando el sueño empezó a vencerme, quizás ya dormida, sentí de nuevo la mano en el brazo. Esta vez más enérgica. Y otra vez la misma voz:
—No te duermas. No puedes dormirte. Vamos, despierta.
Quise levantarme, pero no moví las piernas. Sentía los latidos disparados, la mandíbula apretada, el sudor frío pegado a la espalda. El olor a naranjas agrias.
A tientas busqué el móvil y no estaba. Hablé sin ser muy consciente:
—¿Quién eres? ¿Qué pasa? ¡Dime!
—Soy tú —me dijo.
Me toqué los brazos, el pecho, la cara, las rodillas. Busqué otra vez el móvil y nada. Al fin di con el interruptor y la luz me alivió el ahogo que sentía.
Me levanté y respiré tan hondo como pude. Al rato, cogí un libro. Leí algunas líneas, pero las palabras se evaporaban. Pensaba en la voz, en la mano, en aquella respuesta.
Era muy tarde, pero no mucho más que otros días. Siempre retrasaba la hora de acostarme. Dormir es perder el tiempo. Aunque también estaba lo otro: dormida no me daría cuenta de nada. No podría avisar a nadie si me encontraba mal.
Seguí leyendo. O lo intenté. En algún momento, dejé de entender lo que leía. Di una cabezada creo. No sé cuánto tiempo pasó.
Avisar, avisar… ¿Dije avisar?
Miré la cama. Tenía que avisarle.
¿O no debí?
17.10.26
14.10.26
12.10.26
Inalcanzable. Canción. Nueva
Se podría llamar anhelar la perfección y toparse de bruces con la realidad una y otra vez. Pero es bonita. La canción, digo.
11.10.26
Como niños
9.10.26
5.10.26
4.10.26
3.10.26
2.10.26
El tiempo de Livia
El 24 de febrero de aquel mismo año, no muy lejos de donde nacería Livia, el papa Gregorio XIII había promulgado la bula Inter gravissimas y ponía el calendario en hora con el sol.
1.10.26
28.9.26
Perdida
27.9.26
26.9.26
25.9.26
23.9.26
22.9.26
21.9.26
Realidad y ficción
El baño de plástico era la realidad, lo cotidiano. Pero lo que yo vi en la fotografía era otra cosa: un planeta azul suspendido en el espacio. En un espacio negro. El negro no existía antes de la foto.
De eso se trataba. De inventar una nueva realidad. Era 2008.
Más tarde, empecé a escribir en el Blog de forma esporádica. Y sin darme cuenta, hice lo mismo: tranformar la realidad poniendo el foco en otro sitio. Desviando la mirada.
Y no me olvidé de mi planeta. Le añadí un punto de luz.
Mi planeta me inspiró nuevas ficciones. Ficciones en busca de otra realidad. Algunas buenas y otras malas. Y una muy buena: me enamoré del punto de luz.
Ahora tengo una ficción perfecta: muy alejada de la realidad. En otro universo.
Y el Universo es complejo.
Es 2026.
19.9.26
Vida mía. Canción. Nueva
Nuevo estilo.14.9.2026.
