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3.7.26

El África tropical

Recuerdo el molinillo de café de mi abuela. Era azul. Ella no molía café; molía malta, granos de malta. Malta tostada.

Con sus manos envejecidas, manchadas de vida, de dedos largos y finos, daba vueltas a la manivela. Y la malta molida caía en el cajoncito del molinillo, donde reposaba unos minutos antes de convertirse en infusión. Para ella.

A continuación, mi abuela se giraba para verter el cacao en polvo en un vaso de leche condensada diluida en agua. Para mí.

El olor del cacao anulaba todos los demás olores de la cocina. El momento estaba amenizado por la radio. Era justo la hora del anuncio del Cola Cao.

Un día, después del desayuno, pregunté a mi abuela dónde vivía el negrito del África tropical. Mi abuela me llevó al porche y me dijo:

—¿Ves el mar? Pues después de cruzar el mar, pero más lejos.

—¿Y podemos ir a verle, abuela? —insistí.

—Está muy lejos, hija. Es mejor que él venga. Seguro que vendrá, ya verás.

Me soltó de la mano y volvió a la cocina. Y yo me quedé mirando el mar.  Igual que ahora.



28.6.26

El juego

 Le propuso seguir el juego hasta el final.

—¿Y qué haremos luego? —le preguntó ella.

—Escribir un cuento sobre el juego.

—¿Y luego?

—Imaginar la siguiente jugada.

—¿Y luego?

—Tener bellos sueños.

—¿Y antes?

—Descolgar el reloj de la pared.


17.6.26

Tránsito



   

13.6.26

La última máquina

Cuando el último humano murió, el robot siguió trabajando; abría sus brazos cada mañana y lo esperaba. Solo entonces comprendió para qué servía la tristeza.

26.5.26

Final

Tienes que pensar en otro. Yo ya no tengo más palabras. Soy un libro acabado. 

24.5.26

Lectura


Cada noche, ella leía un poema de amor. Él se quedaba dormido antes del último verso.

18.5.26

Reloj ⌛

Somos reloj de arena que un día ya no dará la vuelta. Dios se olvida de lo más fácil.

16.5.26

Anuncio

Se necesitan palabras nuevas para escribir el futuro. 

15.5.26

Ola azul


No llegué a ninguna orilla,
ni choqué contra las rocas.

Rompí en alta mar.





13.5.26

Vínculo

 «Me gustaría tener un agujerito por el que poder verte» me decía mi abuela cuando nos escribía. Yo le dibujaba el agujerito en la carta de vuelta, debajo de la firma de mis padres. Ella me contestaba, en la siguiente, que había mirado por él y me había visto. Yo la creía. 

1.5.26

Parada

Él no quiso regalarle ni un minuto más de su tiempo y a ella se le paró el corazón.

22.4.26

Insomnio

Insomnio sin vendaval ni tormentas ni truenos ni diluvio ni fantasmas ni espíritus ni dolor de muelas. No puedo más. Me voy a tomar un yogurt antes de volver a pensar. En tantas horas me da tiempo de pasar por todos los estados de emoción posibles. Voy de lo mejor a lo peor, ida y vuelta. Transito por recuerdos, imágenes, palabras, muchas palabras. Ya me faltan. No escritas. Dichas, contadas. A viva voz. Un abrazo. Cuéntame tu reverso en esta noche de insomnio que no puedo conciliar el sueño y en vela resisto con los ojos abiertos por si llegas vestido de sueño. ¡Cántame una nana, a ver si me duermo!

(Escritura automática de madrugada).

18.4.26

Finales


Estar en el cuento no significa saber cómo acaba la historia. Escribir un cuento, a veces, tampoco. Algún personaje se te puede rebelar y hacer lo que le de la gana. Tú eres como Dios, los creas, pero ellos deciden. La próxima vez ten cuidado con el bueno.

16.4.26

El cuento del camello

La mujer se sentó junto a la mesa para coser el botón a la camisa de Martín. Abrió el costurero y vio que no tenía aguja. Se levantó y fue al pajar. Alli encontró al camello desesperado queriendo entrar por el ojo de la aguja que ella necesitaba. Hablaron. La mujer le ofreció toda la paja a cambio de la aguja.  El camello se fue al mercado del pueblo más cercano, a diez kilómetros, vendió allí toda la paja y se le perdió la pista. A los tres días volvió.

— ¡Soy rico! – exclamó el animal –¡Soy rico! Vengo a que me des el botón, la aguja, la camisa y todo lo que tengas.

— No te servirá para entrar en el cielo –le dijo la mujer.

— El cielo ya no me importa.


16.3.2025


11.4.26

La llorona

Llorar sola es llorar para ti. Las lágrimas no piden socorro ni consuelo. Caen hacia dentro o hacia fuera, según les venga en gana. El pañuelo las recoge, pero no las frena y duran lo que tienen que durar.  Si no te ve nadie,  nada tienes que explicar y el llanto es más libre. Al final, no te tienes que mirar en el espejo porque nadie te va a preguntar por qué has llorado. Después queda la resaca y vuelve aquella canción en la voz de Rafael con la que se burlaban de ti cuando eras pequeña. 

9.4.26

Luna


Vive la luna de miel con su cara oculta y juega a rayuela en el agua, tan feliz como sola en el centro del cielo, tan redonda como un pan de pueblo, tan poderosa como una mujer en su reino. Olvidada de aquel toro enamorao y del hombre que la pisó.


Publicada el 19 de enero de 2024.

7.4.26

Reloj ⌛

El reloj de arena mide el tiempo que se nos va cayendo.


30.3.26

Parto

 
El poema nació sin anestesia.

24.3.26

Sobre fondo azul...


los zapatos bailan solos cuando nadie los ve. 





Intermitencia


La lámpara parpadea. Sospecho que la luz miente.