sms

No me llames a la oficina, me han despedido. Tampoco al piso, me han embargado. Al hospital, ni te molestes. Y a la policía, ni una palabra. Te espero en el fondo del lago. 
                                                          

Cabezaloca

«¡Manolito...tienes la cabeza llena de serrín!», le decían niños y mayores al loco del pueblo. Un día, ya cansado, Manolito se pegó un tiro en la sien. De su cabeza salieron diminutos pájaros azules.
 

Fragmento del Paraíso.


Por la mañana me despertaba el sol que cruzaba la ventana para deslizarse suavemente por mi cama. Los domingos, antes de levantarme, mi abuela preparaba el baño. Lo colocaba en el centro de la habitación y situaba muy cerca el brasero con los carbones encendidos; me acuerdo como agitaba el soplillo hasta verlos enrojecer. Luego, con cuidadosa parsimonia, disponía mi ropa limpia en la silla baja de enea mientras se calentaba el agua en la cocina. Cuando estaba a punto de hervir, la vertía en aquella bañera redonda de lata y la mezclaba con la fría hasta conseguir la temperatura adecuada. Cuando todo estaba perfecto, solo entonces, me dejaba que me introdujera en baño de zinc, culminándose la ceremonia cuando esparcía sobre los carbones incandescentes del  brasero unas ramitas de alhucema y toda la habitación se impregnaba de un olor celestial. En verdad, allí, estábamos más cerca del cielo que de la tierra, porque el lugar que pisábamos era el Paraíso verdadero.

 


Dicen las malas lenguas...


...que el Patito feo fue feliz solo un segundo, justo el que tardó en caer desmayado de la impresión en las profundas aguas en las que se miraba cuando creyó ser un cisne. No nos consta que esto fuera cierto, pues Hans Chistian Andersen nos contó la historia de otra manera.
 
 
Fotografía de Juanka Viñolo






Liberado

"Por fin libre", pensó el personaje cuando el autor puso punto final a la novela.

Póstumo

Me dibujas con estos garabatos a los que llamas letras. Me llamas Roberto; un nombre que ni siquiera es el mío. Acaso describes brevemente mis ojos cargados de odio y mis zapatos llenos de barro. Luego, te detienes un poco más en mi alma, resentida por el artificio de esta existencia prestada; siempre a tu servicio. Ahora, me entregas un arma y por fin me enfrento contigo.

Pérdidas

 
Él le pidió tiempo. Ella se lo regaló y lo perdió para siempre.
 

Propiedad conmutativa

El orden de los factores no altera el producto, pero a veces lo manipula.