11.4.26

Llorona, llorona, llorona

Llorar sola es llorar para ti. Las lágrimas no piden socorro ni consuelo. Son más limpias porque no tienen presión ni se reprimen. Y caen para dentro o para afuera según les venga en gana. El pañuelo las recoge, pero no las frena y duran lo que tienen que durar.  Si no te ve nadie,  nada tienes que explicar y el llanto es libre. Al final, no te tienes que mirar en el espejo porque nadie te va a preguntar por qué has llorado. Cuando todo termina te queda la resaca y te viene a la cabeza aquella canción en la voz de Rafael con la que se burlaban de tí cuando eras pequeña.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si no tienes cuenta de Google puedes dejar, si lo deseas, tu nombre en el texto de tu comentario.