29.7.24

Cambios

Se levantó a las siete de la mañana, preparó el desayuno, llevó los hijos al colegio, limpió la casa, puso la lavadora, fue al mercado, tendió la ropa, hizo la comida, puso la mesa y la quitó, fregó los platos y los colocó en su sitio. Recogió la ropa, la planchó y la guardó en el ropero. Se tomó un cafe y encendió la tele. Decían algo de que las mujeres habían avanzado mucho en los últimos cuarenta años y se acordó de su abuela que se levantaba a las siete de la mañana, prendía la chimenea, molía la malta y servía el desayuno, hacía las camas, lavaba la ropa en el lebrillo de barro con el restregador de madera y el jabón verde y cambiaba el agua una y otra vez para enjuagar y venía la vecina y ayudaba a exprimir, retorciendo cada una por una punta las sábanas enrolladas, tendían la ropa juntas y luego cada cual a su casa a preparar la comida. Y después de comer fregaba los platos, los peroles y las sartenes. Y le daban las seis de la tarde ordenando y ya no podía más con su cuerpo cuando llegaba el hijo del campo y soltaba las botas en el escalón para que ella le quitara el estiércol de las suelas. Y le decía “qué hay de cenar hoy, que vengo muerto de hambre” y María se levantaba y se ponía a pelar papas y a sacar carne en aceite de la orza. Y comían en silencio, salvo cuando ella preguntaba:
—Abuela ¿mamá trabaja en el cielo tanto como tú?  
—No, hija mia, el cielo tiene esa ventaja, que ya no hay que doblar tanto el lomo. 
Y seguían cenando en silencio a la luz del quinqué.

27.7.24

Escrito al amanecer

La pastilla para evitar la ansiedad le tenía anulada la memoria de lo soñado. Pero aquella noche el sueño debió ser más intenso porque al despertar recordó el suave tacto de unas manos en las suyas. Era tan real que quiso darle un abrazo, pero su cuerpo se desvaneció. Durante todo el día le vino la sonrisa y el llanto a partes iguales porque estaba segura de que había soñado con el último amor de su vida. 



24.7.24

Greguería

Como el mago con su magia, seduce el poeta con sus versos.

21.7.24

Escrito

Escrito está que nos conocimos en un cuento a medio camino entre tus versos y mis sueños.


19.7.24

Bailes

En el baile suelto cada uno llevaba su ritmo, hasta que en el momento oportuno cambiaba la música y se bailaba agarrado. La música no se cambiaba sola.

18.7.24

Greguería

Las nubes y la tristeza se hacen mutua compañía, pero cada una oculta lo suyo.

14.7.24

Microcosmos

Tú en tu universo sin comas con cuentos y versos sin tiempo.

La urraca y la rana

Andaba la urraca enterrando semillas por el bosque cuando escuchó como alguien roncaba debajo de una hoja. La levantó y allí estaba la rana. Se le hizo el pico agua, pero algo le llamó la atención: aquella rana brillaba; quedaría bien de adorno en su nido. Acercó su cabeza a su corazón sin rozarlo, escuchó su latido bombear en una especie de chasquido. No la despertó.
"Tengo que descubrir el misterio de su brillo”, pensó, y levantó el vuelo.
Al día siguiente,  la urraca volvió. La rana estaba en el lago y de un solo salto se puso en tierra y se escondió tras una roca.
— No me hagas daño —le dijo la rana—. Soy inofensiva. Me gusta nadar y tomar el sol.
— No te quiero hacer daño. Cuentan cosas falsas sobre mí y nadie quiere ser mi amiga. Busco una amiga como tú.
— Pues a mi me pareces bonita. Tu plumaje cambia de color con el sol. Es atrayente.
La urraca correspondió al piropo.
— Igual que tu brillo; es especial, diferente al de las demás ranas. Sube a mi cuerpo y te llevaré hasta el cielo. Ya me contarás tu secreto.
La rana no lo pensó, dió un salto y se subió a la urraca.
— Haremos añicos tu mala fama, dijo la rana confiada y feliz.
La urraca chachareó algo para sus adentros.
Aquella noche, desde el fondo del bosque, se pudo ver un brillo con forma de rana extinguirse poco a poco en el nido de aquel pájaro.

12.7.24

Inventada

Le mantuvo la mirada tres segundos y sus ojos la extraviaron. Perdió la cabeza, cayeron los brazos, se descoyuntaron sus piernas. Se desarmó. Dudó de su propia existencia. Quizás fuera inventada.

11.7.24

Respuestas

Los amores no correspondidos no necesitan preguntar a las margaritas.

9.7.24

El apagón

Usted me va a perdonar, señor juez, pero ese hombre de ninguna manera puede ser el culpable del apagón. Fui yo. Fui yo, señor juez, la que encendí miles de lámparas cuando se me hizo la noche y provoqué la chispa en el sistema eléctrico de esta ciudad de fantasía. Porque debe usted saber, señor juez, que aquí, en esta ciudad, el único real es usted, que nos tiene a todos en vilo. Anda buscando culpables, pero la imaginación es inocente.


Nota posterior: 

* Escrito en julio de 2024. En modo alguno profético. 

Cartas

Leerte y escribirte fue la única forma que tuve de amarte.


(9 de febrero de 2025)

8.7.24

Vampira

No me tientes, que la última vez me quedé con ganas de más. Tu sangre me chifla.

7.7.24

Importancias

Nunca nada ajeno es importante para los que ya llevan la importancia puesta. 

6.7.24

Greguería

Sienten las palabras los poetas como los pájaros tienen alas.

Juego

Andas sobre el filo de una tapia posando tu suaves almohadillas para no hacer ruido, para no molestar, y de pronto sale ese perro inoportuno que ladra como si no hubiese un mañana. Y por no escucharlo te vas. Pero dejaron la puerta abierta y el perro te persigue. Puede que te alcance y te deje maltrecha una de las pocas vidas que te van quedando. Pero a pesar de todo, al día siguiente vas y te vuelves a subir a la misma tapia y te colocas otra vez en ese mismo filo. ¿Por tu espíritu aventurero? no, que va, eso hablaría bien de ti, no seas vanidosa. ¿Porque al otro lado huele bien? un poco sí. Pero a ver si va a ser que el fondo te gusta jugar con el hijo de la vecina al pilla pilla. Mañana le toca a él hacer de gato.

1.7.24

Un buen partido

El tendero ambulante siempre le causaba inquietud. Era vecino de una aldea cercana. Nada más bajar del mulo le clavaba en las tetas su estólida mirada de ogro con hacha a punto de cortarla como si fuera una rama para alimentar un fuego. En su presencia se sentía intimidada y le costaba trabajo respirar. Su madre, sin embargo, le ofrecía agua del búcaro y le daba paso a la cocina para dejar los comestibles. Ella los ordenaba y luego salía en estampida, sin despedirse.
—¿Por qué eres tan seca? No seas maleducada, ya no eres una niña —le dijo la madre aquel día cuando él se marchó.
— Me cae mal, no lo puedo ocultar. No sé por qué insiste, madre.
— Es un buen partido; no hay muchos hombres por aquí como él. No nos faltará de nada.
—Pues si tanto le gusta, hágase usted su novia.
— Yo ya soy vieja, hija, y los hombres ya se sabe. Pero tú deberías pensar...
No la dejó acabar, le dio la espalda y salió de la cocina dando un portazo.
El resto del día un silencio espeso se hizo entre las dos.
Al caer la noche, mientras una rezaba el rosario la otra pedía perdón a Dios por querer abandonar a su madre en aquel último rincón del mundo.

30.6.24

Ficción de ficciones

 ¿Jugaremos este invierno a conjugar verbos de afecto? ¿a escribir cuentos con palabras inventadas? ¿a inventar personajes traviesos debajo de la cama? ¿a robarle a la noche minutos? ¿Qué te apuestas a que te gano?.

28.6.24

mirada

 Mi gata no sabe que siento cuando la miro. La misma incertidumbre tengo yo cuando me miras tú. 

27.6.24

Confusión

Apenas sabemos que el mundo no es como creíamos, decidimos utilizar la imaginación para poder soportarlo, siendo plenamente conscientes de la doble vida, entre lo real y el sueño, que llevaremos hasta el final de nuestros días. A veces nos confundimos. 

24.6.24

En la Nada

— Pero tú, ¿en qué piensas?

 — Pienso en la Nada.

— ¡Pero si la Nada no existe!

— Eso es lo que tu crees, pero yo he vivido en ella.

23.6.24

Letra y música

Cuando llega la noche y el sueño no viene, yo me canto una canción. Suya es la letra y mía la música.

22.6.24

Misterios

Cuando era niño, tenía la manía de diseccionar los juguetes para ver lo que había dentro. Abrí en canal el tren de hojalata que me regaló mi abuelo y me quedé sin él, desarmé el coche eléctrico que me regaló mi padre y lo perdí para siempre. Luego, comprendí que si quería escuchar música no podía romper aquella caja mágica a la que llamaban radio. Ahora tengo un amor.

20.6.24

Valor


A ti no te valía la pena el tiempo que perdías y a mi me valía la alegría del que ganaba.

18.6.24

Fantasía

El sueño de una fantasía es crear una nueva realidad.

16.6.24

Pompas

Disfrutaba la niña con las pompas de jabón; las irisaciones que producía la luz del sol en su redondez imperfecta le fascinaban. Pero pensaba que eran solo un mágico envoltorio de algún prodigio extraordinario que sucedería en algún momento ante sus ojos. Cuando explotaban se entristecía, pero enseguida hacía otra y sus ojos volvían a iluminarse. Así era la ilusión más pura.
Con el tiempo, supo la niña que todas las pompas de jabón acaban explotando y que ninguna tiene nada dentro. Fue entonces cuando se enamoró de los colores que las adornan mientras permanecen suspendidas en el aire.

14.6.24

Azares

Puse una gata de tres colores en mi vida; mi abuela decía que daban buena suerte. No conté con aquel maldito felino que vino a rondarla y se comió mis sardinas. Era lo único que tenía para comer aquel día de calor infernal. Tuve que bajar al bar y en la esquina tropecé, literalmente, con un vecino. Nos disculpamos mutuamente y me invitó a una cerveza, nos conocimos y me enamoré. No fue el destino, fue el azar disfrazado de unos bonitos ojos verdes y una sonrisa amplia llena de dientes muy blancos. También se comió todo el pescado y solo me dejó las espinas.

13.6.24

 Hay muchas formas de querer y una sola de amar. 

Finales

Cuando empiezo una historia ya no pienso cómo acabará porque el final nunca fue como yo lo imaginé.

10.6.24

Oportunidad

 — Si viviéramos otra vez, estoy segura de que nos encontraríamos antes.

¿Volvemos?.