—El sol despunta por el horizonte. El mar sube. Nos quedan dos días. Tenemos que elegir.
— ¡Comamos!. Necesitamos energía por si se presenta la ocasión de usarla. Estás delgaducha.
—No quiero comer. Elijo hablar. Hablaré antes de que el mar nos alcance. Es lo que me queda. Contar quién soy.
—¿Para quién?
— Para Ellos, para los que nos obligan a elegir.
—Come y no hables.
—No.
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