Si muero de muerte natural,
moriré en invierno
con el alma hueca y los pies congelados.
Soy un cuerpo al que la lluvia empapa
y el frío hiela de madrugada.
Quiero volver a la primavera,
sentir que la tierra me sujeta,
que la savia me sube por dentro,
que las flores silvestres
me cosquillean la piel,
que un hálito de esperanza
me ancla a la vida.
La espera me inquieta.
La incertidumbre me espabila.
Quiero volver al verano
del calor húmedo,
de la tierra quebradiza y seca.
A la estación donde llegó tu tren
de las diez.
Y parar el reloj.
II
Pero aquí estoy plantado,
desnudo de ti, muerto de frío.
Y aun así, hay preguntas que me queman.
¿Ibas de paso hacia otro lugar,
con la maleta llena de otras palabras
y otros sueños?
¿Fui una parada, una sombra en el camino?
Vendrá otra primavera
sin la incertidumbre de la espera
y en verano tu tren ya no vendrá.
Quizás yo siga aquí,
con las ramas secas abiertas al vacío.
Hasta que caiga
como caen los árboles secos
que alimentan la tierra.
Ya noto que mi pulso se debilita.
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