que la piel aprende pronto a despedirse.
que después de cierta edad se baja el telón despacio,
que el deseo se recoge, se plancha, se dobla, y se guarda en el armario.
Nos borraron del espejo, nos llamaron recuerdo
nos sentaron al fondo del banquete del tiempo.
Sonríe, sé discreta, agradece el asiento.
Gestiona tus emociones, controla tus sentimientos.
Pero todavía arde la sangre, todavía late la piel.
No somos museos ni mármoles, ni pasado ni ayer.
Todavía miramos de frente, todavía sabemos elegir.
No estamos pidiendo permiso. Seguimos aquí.
Ellos maduran “interesantes”, nosotras “fuera de escena”.
Ellos suman experiencia, nosotras restamos belleza.
Si todos miran hacia abajo, ¿Quién se atreve a mirarnos de frente?
¿Quién firmó el decreto de clausurar nuestro presente?
No es rabia lo que nos mueve, aunque a veces duela.
Es la memoria del fuego, que aún tiembla bajo la seda.
No es la nostalgia del ayer, es la dignidad de nuestro tiempo.
Todavía nos corre la sangre, todavía nos vibra la voz.
Todavía nombramos la vida, todavía sabemos sentir.
No estamos pidiendo permiso. Seguimos aquí.
Y nos pasa lo mismo que a ti.
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