Con el almanaque celeste bajo el brazo y la verdad desplegada como una carta astronómica, puedo confirmarlo con certeza casi científica.
Cuando mis coordenadas gravitatorias, impulsadas por una tenue esperanza, por fin se alineaban, su vector ya describía la curva de salida. Su traslación lo alejaba y su impulso era superior al mío. La ventana de sincronía había pasado.
Tal vez, solo tal vez, nuestras órbitas coincidieron un instante microscópico. Lo intuí en la señal que capté, apenas dos palabras, entre el sonido de una canción que sonaba en la radio:
"Y te vi, te vi pasar... "Estamos cerca"... Yo no buscaba a nadie y te vi".
¿ Un eco breve? ¿Una anomalía cuántica? ¿Un cometa bromista?
¿Una señal sincera? ¿Un error de transmisión?
Y luego, el silencio, el misterio.
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