2.1.24

Lo peor

...es apagar el fuego cuando prende el corazón.

1.1.24

Amor del alma


Bajo la luna leía sus cartas,

cada palabra encendía su piel.

En cada línea sentía su alma

como un susurro al amanecer.


Cada noche cantaba sus versos,

como estrellas brillando en su voz.

Cada rima la envolvía en un sueño,

donde el tiempo se hacía canción.


Sus pensamientos de tinta bailaban

dibujando un amor ideal.

Cada poema encendía la noche,

como un fuego que ardiera en el mar.


Por las noches cantaba sus versos,

como estrellas brillando en su voz.

Cada rima la envolvía en un sueño,

donde el tiempo se hacía canción.


Amor del alma

Del alma, amor

Amor de amor.


Letra: Ulla Ramirez © 1 de enero de 2024

Voz y Música: varias versiones en  2024 y 2025, con IA. Suno. 


Promesa

Un año nuevo siempre es una promesa. Ojalá se cumpla.

31.12.23

La mirada

 — ¡Guau!  gracias por mirarme con esos ojos —le dijo moviendo la cola.


29.12.23

Dos latido extras

 https://m.soundcloud.com/juanlusanchezsonido/paco-78-pentium-75


28.12.23

Eco

En el espacio vacio te llamé y el eco me devolvió tu nombre.

26.12.23

Mi padre poeta

Le quedaron palabras sin verso y se quiso llevar papel y pluma a la eternidad.


Rescate

Bajó hasta el fondo de su pozo y rescató palabras ahogadas.

Azul


Dos intensos toques de color azul cobalto sobre el lienzo blanco le bastaron a la artista.

El cuadro se exponía en la galería más famosa de la ciudad. Cuando se acercó a contemplarlo, se quedó hipnotizado. No podía mirar para otro lado. Tardó un buen rato en conseguirlo. Cuando se retiró se le acercó la autora con un elegante vestido del mismo color.

—Parece que te ha gustado — le dijo ella —. ¿Pero lo has entendido?

— Antes, no. Pero ahora, sí — le respondió él —. Y se fueron juntos.

La curiosidad mató al gato

— Doctor ¿Tiene caducidad conocida el Stent? 
— No señor, es para siempre, pero si se ocluye se dará cuenta.
— ¿Y se ocluyen con frecuencia?
— Algunas veces, cuando pasa el tiempo.
— Tengo sesenta y cinco ¿Dará tiempo a que se ocluya? —dijo sin poder evitar reírse de sí mismo

22.12.23

Juego de espejos

Habia una cómoda en la habitación que ocupaba todo el testero frontal. Una cómoda antigua, alta, de tres espejos; como un tríptico. El central inamovible, los otros dos que se plegaban hacia adelante.

El juego, su juego, consistía en colocarse frente al espejo central, cerca de él, y doblar los laterales hacia ella de tal forma que su figura se viera multiplicada por dos, una y otra vez.

De esta manera, ella, que estaba sola, sin más niños por allí con quien jugar, se pasaba las horas haciendo muecas, poniendo caras, inventando burlas y cucamonas, subiéndose las trenzas o cantando y bailando delante de los espejos, como una auténtica payasa muerta de la risa, hasta que su abuela la llamaba.

De modo que creció pensando que podía tener muchas vidas sin dejar de ser ella en todas.

No contó con los personajillos que vivían colgados del techo,  ni con los duendes agazapados debajo de la cama o escondidos en los rincones de aquella habitación, que pronto empezarían a manifestarse con alguna travesura. Ni mucho menos con los humanos que habitaban el mundo exterior, más allá de su entorno. Los antagonistas, esos seres diablunos que luego poblaron la vida.

————

* Diabluno: no la busquen en el diccionario de la RAE.

14.12.23

Cambio físico

Desde hace algún tiempo, ocupo un cuerpo que no es el mío. Por la mañana su boca es amarga como la quina, por la tarde su cabeza pesa tanto que un día caerá como bola de plomo al suelo. Y por las noches, al subir la escalera, sus piernas no obedecen mis deseos. Estoy convencida: esta que habito ya no soy yo. Me ha invadido un cuerpo extraño y rebelde al que inexorablemente tengo que ir acostumbrándome.

13.12.23

El canto del mochuelo




Parecía el canto del mochuelo
el llanto de un niño pequeño
Al caer la tarde, casi noche
el llanto de un niño pequeño muerto. 
Me invadía la pena honda,
la tristeza se me metía en el cuerpo
porque era como el llanto de un niño
de un niño recién nacido muerto.  

Algunas viejas contaban
que los niños cuando morían
subían al cielo
y en angelitos se convertían.

Cuando vi mi primer mochuelo
al caer la tarde, casi noche,
me invadió una gran alegría.
Ni niño ni ángel era,
ni mi hermanito del alma parecía.

La viejas me daban miedo
más que el cura en su homilía.

(Escrito en 1980)


Salto mortal


Ella se balanceaba en el columpio bajo destellos de luces multicolores. Él le daba la réplica, esperando alcanzar por la fuerza de su empuje el preciso instante para el enlace tras el salto. Abajo, en la pista, los hijos –payasos tristes– caían uno tras otro como fichas de dominó por obra y gracia de un primer chute, sin opción ni tiempo ya para escapar de aquel juego de secundarios perdedores. Los dos números se desarrollaban a la vez, en un perfecto caos, signo de identidad de aquella troupe. No había público ni aplausos, pero el negocio resultaba más que rentable para los promotores. Los protagonistas, sin embargo, vivían sus delirios circenses en aquel viejo almacén de uralita, a las afueras de la gran ciudad, puestos de droga hasta los ojos y a punto de alcanzar la gloria con un triple.


Autora de la imagen: Charo Llamas.
Benajarafe (Vélez-Málaga)

12.12.23

Insomnio 1

Para conciliar el sueño, anoche, me puse a contar ovejas: primero una, luego otra, luego la siguiente; así hasta reunir un buen rebaño. Habría unas cincuenta más o menos. No se cómo se me coló un perro en la escena y un pastor no podía faltar. De manera que, a partir de cierto momento, empezó a molestarme el balar de las ovejas, los ladridos del perro y las voces del pastor. Entonces cambié de método y me puse a contar lobos. Las ovejas desaparecieron, pero tuve que soportar los aullidos de la manada. Seis lobos llamando a más lobos. Insoportable. Di un salto de la cama y salí de la habitación. Fui al baño, baje a la cocina, bebí agua, me asomé por la ventana, miré la noche y suspiré; el reloj de pared marcaba las dos. Me entró frio y pensé que los lobos ya se habrían ido, de modo que subí las escaleras con el ánimo dispuesto para el sueño, pero cuando entré en la habitación, allí estaba el dinosaurio.

8.12.23

Greguería

El caracol va despacio porque no necesita llegar a su casa.

5.12.23

Amigas

— La vida se me ha hecho bola. 

 — Siéntate a mirar el cielo y cuenta estrellas y nubes. Es lo que necesitas.

— ¿Y luego? 

— Cuando te canses busca otra puerta y entra de nuevo.  

— A la misma vida, ni loca.

— No, loca,  detrás de cada puerta hay una vida distinta. 

— No estoy yo muy segura de eso.

— Si no lo haces, nunca lo sabrás. 

— Vale,  me voy al descansillo. Allí te espero. 

— No te olvides de cerrar. ¡Con las dos vueltas!.




1.12.23

Greguería

 El sentido de la vida es estar vivo. Los fantasmas no tienen sentido del ridículo que hacen.

30.11.23

Encuentro

El cuento es el lugar donde tú y yo nos encontramos. Luego, cada uno tiene su novela.

Historia imperfecta

Nunca lo alcanzaría porque él era un astro y ella escribía desde el subsuelo. Pero esa distancia no le daba envidia, sino un deseo irrefrenable de escribir.
De modo que por cada cuento mínimo que él colgaba ella escribía una historia imperfecta con algún hilo invisible que los uniera.
Así fue durante mucho tiempo, sin que él advirtiera su secreto. O, al menos, eso pensaba ella. Hasta que un día él escribió:
“El cuento es el lugar donde tú y yo nos encontramos, luego cada uno tiene su novela”.
A ella, aquel micro, le llegó directo al corazón y quiso seguirle el juego con otro. 
“Eché la sonda al fondo de mi pozo y allí encontré tus palabras”.
Y así fueron encadenando una historia tras otra en una especie de abrazo de dos desconocidos cuya única realidad común era la ficción. 

29.11.23

Posdata:

Escribir es una forma de contarnos. 

28.11.23

Imagen digital



La paloma


Colocó la trampa sobre la tierra con una hormiga como cebo. Tras dos horas de paciente espera una paloma blanca posó sus patas sobre el alambre y en un seco golpe quedó atrapada. Sus alas, rotas; su cuerpo, herido; sus ojos, muertos. Y en el pico, la ramita de olivo tronchada.

27.11.23

Clamor

 — ¡Basta ya! —gritó Dios desde el cielo de Gaza. 

25.11.23

Entre tú y mis ideas

Imagen de Charo Llamas.
Benajarafe (Vélez-Málaga)

Hacía tiempo que no se miraba al espejo. Frente a él no encontraba su alma sino el adefesio en el que se había convertido. Ella, la que siempre fue, ya no estaba.
Su corazón era un frágil avioncito de papel que intentaba planear entre grandes turbulencias, a merced de todos los vientos, sobrevolando todas las dudas y entregando al diablo todas sus certezas.
Así fue hasta que un día escuchó una canción que le abrió los ojos, trazó un plan y, usando su inteligencia como un eficaz matamoscas, propinó, en el momento adecuado, un golpe certero al miedo. 
—Caíste –exclamó triunfante–. Me quedo conmigo.
Aquella noche, el espejo le devolvió el alma. 

20.11.23

Despoblación


En enero murió de frío el guardia forestal y en febrero su mujer murió de tristeza. En marzo una pulmonía se llevó al otro mundo a Remigio, el leñador, que ya era viudo, y en abril encontramos al herrero ahogado en el río. En mayo murió la tendera, nadie supo de qué, y en junio, su marido, de un ataque al corazón. En julio murió, desangrada, Adelita la soltera y en agosto el médico se suicidó sin dejar nada escrito. En septiembre apareció la matrona con un tiro mortal en la cabeza y en octubre nos dejó el cura D. Benito, que Dios lo tenga en su gloria. En noviembre murió el último niño del pueblo y en diciembre la maestra. Ahora tengo miedo porque empieza un nuevo año y solo quedamos tú y yo.

El último viaje


Se murió Bernardo Postigo en verano o en invierno de 1964; no recuerdo bien si yo iba con sandalias o llevaba calcetines. Tenía siete años y mi abuela me llevó al duelo; no me podía dejar sola. Fue la primera vez en mi vida que vi a una persona muerta.
Bernardo tenía los ojos cerrados como todos los muertos que tienen quien les cuide. A mi abuela le pregunté que si estar muerto era como estar dormido y mi abuela me dijo que sí, que dormido para siempre. 
Lo que más me llamó la atención es que Bernardo, que tenía el pelo blanco, la cara blanca y el traje negro, tenía los zapatos puestos. Y muy limpios, como para ir a una boda. Entonces le pregunté a mi abuela que para qué quería Bernardo los zapatos si ya estaría dormido para siempre, a lo que mi abuela me contestó que aún le quedaba por hacer el último viaje.
¿Con los ojos cerrados, abuela? Sí, con los ojos cerrados, me contestó ella ¿Y no tropieza? No, ya no tropieza, tropezar solo tropezamos los vivos, hija.
Unos días después, mis amigos y yo jugábamos a los muertos. Llevaba los ojos vendados y avanzaba a tientas por el porche, buscando el cuerpo de alguno de ellos, mientras declamaba a voz en grito ¡voy al último viaje, voy al último viaje! 
Entre risas, mis amigos me esquivaban, pero el juego nos distrajo y me alejé del espacio seguro. Un instante después oí un grito de mi abuela que ya me avisaba tarde, mientras yo rodaba por un terraplén de cinco metros.
Solo me lastimé un tobillo; ya se sabe que los niños en aquella época éramos de chicle Bazooka o de goma fresca de almendro. Eso sí, mi abuela me recetó reposo o castigo, que aún me ronda la duda, y estuve un día en cama. Cuando ella no estaba en el cuarto, de vez en cuando y sin hacer muchos aspavientos, yo sacaba los pies por debajo de la sábana y me aseguraba de no tener los zapatos puestos. 
Lo he recordado esta mañana cuando me he despertado y lo he vuelto hacer.


18.11.23

A quién dios se lo de...

Yo solo quería que me diera una explicación y él me dijo que lo dejara en paz.

—¿Ahora vos sos la paz? — le espeté con sarcasmo.

Supo entonces que yo lo sabía. Se levantó, hizo la maleta y se fue.
Me aseguré de que su coche desaparecía por el horizonte. Solo entonces entré en la casa, abrí una cerveza y brindé a la salud de la argentina del carajo.

13.11.23

informe sobre la caricia.

La caricia es un lenguaje
si tus caricias me hablan
no quisiera que se callen.
La caricia no es la copia
de otra caricia lejana
es una nueva versión
casi siempre mejorada.
Es la fiesta de la piel
la caricia mientras dura
y cuando se aleja deja
sin amparo a la lujuria.
Las caricias de los sueños
que son prodigio y encanto
adolecen de un defecto
no tiene tacto.
Como aventura y enigma
la caricia empieza antes
de convertirse en caricia.
....
(Mario Benedetti)